Todo transcurre entre rejas. Del más fino y candente hierro. Es imposible ignorar como hoy en dia todxs somos reos. No solo las rejas de las prisiones o los muros de los manicomios. La libertad es una palabra que designa en la sociedad actual el libre albedrío y los artificios devenidos del poder económico. Es decir, “hacer y deshacer a gusto y piacere, según me lo permita mi posición económica”. Se pueden distinguir muchos tipos de esclavitud, según sea el objeto que nos priva de libertad, pero a partir de la frase destacada, empiezo por pensar que uno no es libre de hacer si no tiene dinero; pero tampoco y como rasgo particular, uno es libre de tenerlo. Nadie que no posea dinero en sociedades capitalistas puede encontrarse por fuera. Pronto la vida se aco-moda y menos libertad se tiene. Que pasa entonces cuando estamos inmersos en la sociedad, no como conglomerado de edificios y personas sino como un conjunto de códigos y tradiciones que tienen la misión de arraigarse en el imaginario de todos los seres humanos, y por sometimiento a los seres animales, que también están implicados por los males de la sociedad. Hay que ver como hoy en día, miles de personas son presxs en sus propias casas. Y aun ni lo notan. Prisionerxs autómatas en sus trabajos y rutinas, o cautivxs en el conformismo
Retomando el ensayo anterior de una definición de libertad, pretendo ubicar al homo malignus en los intercambios basados en la moneda. Me pregunto ¿Cómo es posible que todo a nuestro alrededor tenga precio? ¿Realmente todo esta dominado por las coordenadas de la oferta y la demanda?
Pero estas preguntas no hacen mas que dar vida a un mayor interrogante, ¿Podrá la sociedad entender que es necesario el cambio y que para ello es imprescindible destruir el capital y derrocar los principios autoritarios que gobiernan al mundo? Tener poder confiere a quienes lo detentan el pleno ejercicio de la autoridad, es decir poder relacionarse en términos de jerarquías de cualquier tipo, (económica, social, intelectual, transgeneracional, familiar, escolar, etc.) que actúan constituyendo un hombre o mujer “activo” para consolidar el orden establecido.
No solo el intercambio de productos por dinero, sino todo el circuito empresarial que controla el flujo rentable, que nos esclaviza a todxs. Toda la industria publicitaria que se impone a través de la difusión audiovisual. Todo está inmerso. Existe un mundo ficticio, el de las finanzas, donde rigen el imperio poderoso del dinero. Y que no se puede comprar entonces…
Empecemos a pensar en lo que no se puede vender. No podemos vender nuestra dignidad, nuestra fuerza, nuestras ganas, nuestros sueños.
Nuestros ideales de lucha y emancipación estatal son la clave de la reconstrucción social. Sin propiedad no hay autoridad, y sin autoridad todas las jerarquías que existan se desvanecen. De-construir el sistema requiere que todxs seamos concientes de nuestros actos individuales y colectivos. Basando nuestro modo de vida en los pilares del pensamiento anarquista: libertad, el respeto y el apoyo mutuo, la igualdad en la diversidad y la fraternidad. Nuestras acciones tienen que estar orientadas desde la reflexión y no desde el despotismo. La realidad no es la que te muestran en televisión. La realidad es la que nos hacemos cada dia de nuestra vida.
Basta de humillacion humana. El homo malignus nos quiere mantener dispersxs y esclavxs.
A continuacion un fragmento de "Entre Campesinos" de Malatesta.
Quiero recomendar esta lectura, se puede descargar en archivo pdf.
http://www.inventati.org/ingobernables/textos/anarquistas/malatesta_entre.pdf
Pepe.- Pero, entonces, cuando no hubiera ya más señores, ¿cómo
haríamos para vivir? ¿Quién nos daría trabajo?.
Jorge.- ¡Parece imposible! ¿Cómo? Lo estáis viendo todos los días;
sois vosotros quienes caváis, sembráis, segáis, trilláis y lleváis el grano
al granero; sois vosotros quienes hacéis el vino, el aceite, el queso,
¿y me preguntas cómo haríais para vivir sin los señores? Pregunta más
bien: ¿cómo vivirían ellos si no fuésemos nosotros, pobres imbéciles,
trabajadores del campo y de la ciudad, que somos los que les alimentamos,
vestimos y... suministramos nuestras hijas para que puedan
divertirse?
Hace poco querías agradecer a los amos porque nos dan con qué
vivir. ¿No comprendes que son ellos los que viven de nuestros esfuerzos
y que cada pedazo de pan que se llevan a la boca es quitado a
nuestros hijitos? ¿Que todo regalo que hacen a sus mujeres representa
el hambre, la miseria, el frío, tal vez la prostitución de las
mujeres nuestras?
¿Qué es lo que producen los señores? Nada. Por consiguiente todo
aquello que consumen es quitado a los trabajadores.
Figúrate que mañana desaparecieran todos los trabajadores del campo;
no habría quien trabajase la tierra y se morirían de hambre; si
desaparecieran los albañiles, no se podrían hacer casas, y así en todos
los demás ramos; por cada clase de trabajadores que faltara, se suspender
ía un ramo de producción, y el hombre tendría que privarse de
objetos útiles y necesarios.
¿Pero qué daño sufriríamos si desapareciesen los señores? Sería
como si desapareciese la langosta.
Pepe.- Sí, está muy bien; nosotros producimos todo; pero ¿cómo
hago para producir el grano si no tengo tierras, ni animales, ni semillas?
Vamos, te digo que no hay manera de arreglarlo; por fuerza hay
Jorge.- Pero, Pepe, ¿nos entendemos o no? Me parece que ya lo he
dicho; necesitamos desposeer a los amos de todo aquello que sirve
para trabajar y vivir: la tierra, los instrumentos, las semillas y todo lo
demás.
Sé muy bien que mientras la tierra y los instrumentos de trabajo
pertenezcan a los amos, el trabajador estará sujeto siempre y no
tendrá más que esclavitud y miseria. Por eso, y retenlo bien en la
memoria, lo primero que habrá que efectuar es quitar los bienes a los
señores; si no el mundo no se arregla.
Pepe.- Tienes razón; ya me lo habías dicho. Pero, ¿qué quieres? Son
cosas esas tan nuevas para mí, que no acabo de comprenderlas. Explí-
came un poco cómo quisieras arreglarlo. Estos bienes que se quitarían
a los señores, ¿qué haríamos de ellos? Nos los repartiríamos. El tanto
para cada uno, ¿verdad?.
Jorge.- No; antes al contrario, cuando oigas, decir que nosotros
queremos repartir, que nosotros queremos la mitad y otras cosas por
el estilo, ten en cuenta que quien lo dice es un ignorante o un bribón.
Pepe.- Pues entonces, ¿qué haríamos? Yo no comprendo nada de
ello.
Jorge.- Y sin embargo no es difícil; nosotros lo que queremos es
ponerlo todo en común.
Nosotros partimos de este principio: qué todos han de trabajar y
todos deben estar lo mejor posible. En este mundo, sin trabajar no se
puede vivir; por eso si uno no trabajase, debería vivir del trabajo de
los demás, lo que al mismo tiempo que es injusto, es dañoso. Se entiende
que, cuando digo que todos deben trabajar, me refiero a todos
los que pueden y por lo que puedan. Los inútiles, los impotentes, los
viejos, deben ser mantenidos por la sociedad, porque es un deber
humano no hacer sufrir a nadie, y, además, que todos seremos viejos
un día, e inválidos e inútiles podemos serlo de un momento a otro,
tanto nosotros como los de nuestra familia.
Ahora, si reflexionas bien, verás que todas las riquezas, o sea, todo
lo que existe de útil para el hombre, puede dividirse en dos partes.
Una parte .que comprende la tierra, las máquinas y todos los instrumentos
de trabajo, el hierro, la madera, las piedras, los medios de
transporte, etc.. es indispensable para trabajar y debe ser puesta
en común para servir a todos como instrumentos o materias de trabajo.
Referente al modo de trabajar después, es una cosa que ya veremos.
Lo mejor sería trabajar en común, porque así con menos fatiga
se produce más: es casi cierto que el trabajo en común se adoptará en
todas partes, porque para trabajar cada uno aisladamente necesitar
ía renunciar a la ayuda de las máquinas, que reducen el trabajo a
cosa fácil y gustosa y además, porque cuando los hombres no tengan
que disputarse el pan que se llevan a la boca, y, por consiguiente, no
estén como perro y gato, encontrarán más placer en estar reunidos .y
hacer el trabajo en común. De cualquier modo, hasta si en un lugar la
gente quisiera trabajar aisladamente, libre será de hacerlo. Lo esencial
es que nadie viva sin trabajar, obligando a los demás a que trabajen
para ellos, y esto no podrá suceder ya, ninguna querrá ciertamente
trabajar por cuenta de los demás.
La otra parte comprende las cosas que sirven directamente al consumo
del hombre, como alimentos, vestidos y cama. Todas estas cosas,
las que ya existen, deben ser puestas inmediatamente en común y
distribuidas de modo que se pueda esperar hasta la nueva cosecha y a
que la industria haya producido nuevos productos. Todas aquellas cosas
que se produzcan después de la revolución, cuando ya no existan
amos ociosos que vivan del esfuerzo de los trabajadores hambrientos,
se distribuirán según la voluntad de los trabajadores de cada
localidad. Si éstos quieren trabajar en común, tanto mejor; entonces
se buscará el medio de regular la producción y el consumo, de manera
que puedan satisfacerse las necesidades de todos, como para que
tienda a asegurar a todos el máximo disfrute posible y todo está
dicho con eso.
O si no, se tendrá en cuenta lo que cada uno haya producido, para
que pueda tomar la cantidad de objetos equivalente a su producto. Es
un cálculo bastante difícil, que creo hasta imposible; pero esto quiere
decir que, cuando se vean las dificultades de la distribución proporcional,
se aceptará más fácilmente la idea de ponerlo todo en común.
De cualquier modo, será necesario que las cosas de primera necesidad,
como el pan, las casas, el agua y otras semejantes, se aseguren
para todos independientemente de la cantidad de trabajo que cada
uno pueda efectuar. Sea cual fuere la organización adoptada la herencia
no podrá subsistir ya; porque no es justo que uno encuentre al
nacer todas las comodidades, y el otro el hambre y las privaciones;
que uno nazca rico y el otro pobre, y hasta si se aceptase la idea de
que cada uno es dueño de lo que produce y que, por consiguiente,
puede hacer economías por cuenta propia, a su muerte todas sus econom
ías deberían volver a la masa común...
Los niños deberán ser educados e instruidos a costa de todos, de
manera que se les procure el máximo desarrollo y la máxima capacidad
posible. Sin esto no existirían la justicia e igualdad y se violaría el
principio del derecho de cada uno a los instrumentos de trabajo, puesto
que la instrucción, la fuerza física y la moral son verdaderos instrumentos
del trabajo, y dar a todos solamente la tierra y las máquinas
sería una cosa muy insuficiente, si no se procurase poner a todos en
condiciones de servirse de ellas lo mejor posible.
Respecto de la mujer, no quiero hablar, porque para nosotros la
mujer debe ser igual que el hombre; y cuando decimos hombre, queremos
decir ser humano, sin distinción de sexo.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada